El contexto económico en que operan las empresas

Entre los factores sensibles que pueden ser modificados por las políticas públicas y que afectan el desempeño de las pymes se encuentran el clima de negocios y la estructura productiva, incluyendo factores como el acceso al financiamiento, a las tecnologías, los recursos humanos y la existencia de sistemas de articulación productiva, entre otros. Tanto el clima de negocios como la estructura productiva presentan limitaciones importantes al desarrollo de las pymes en la región.

El clima de negocios

La comparación entre economías avanzadas y de América Latina arroja un contraste nítido en materia del costo de entrada al mercado de nuevas empresas. La experiencia de los países más desarrollados indica que la fortaleza institucional, los programas de fomento al sector productivo, el sistema educativo y de ciencia y tecnología, las condiciones macroeconómicas, el tamaño del mercado y el acceso y calidad del financiamiento, entre otros elementos, inciden significativamente sobre las características y capacidades de las pymes (Lundvall, 1992; Nelson, 1993; Lazonick, 2008). La interrelación virtuosa entre estos factores facilita la existencia de pymes de carácter “schumpeteriano”, es decir con capacidades para generar innovaciones radicales, que contribuyan al dinamismo de la economía. Aunque en los países de menor desarrollo relativo también se encuentra este tipo de empresas, su presencia es más esporádica, y en su reemplazo suele surgir una actividad empresarial que se caracteriza por su escaso dinamismo y pocas innovaciones –si las hay– incrementales. Estas tienen mayores dificultades para contribuir a cerrar las brechas tecnológicas y de competitividad. 

De acuerdo con la experiencia de los países más desarrollados, factores tales como la fortaleza institucional, los programas de fomento al sector productivo, el sistema educativo y de ciencia y tecnología, las condiciones macroeconómicas, el tamaño del mercado y el acceso y calidad del financiamiento inciden significativamente sobre las características y capacidades de las pymes.

Los factores que inciden sobre esta dualidad en la región son variados. En primer lugar, aspectos socioeconómicos como una distribución desigual del ingreso nacional, niveles significativos de pobreza, o falta de desarrollo institucional, generan un panorama que dificulta el acceso al conocimiento y a los recursos financieros, junto con reducir las oportunidades de crear empresas dinámicas e innovadoras (Stam y Van Stel, 2011). 

Asimismo, el marco regulatorio incide negativamente: los trámites para el registro y funcionamiento de las empresas latinoamericanas aparecen entre los obstáculos más importantes para su desarrollo, tanto por los costos como por la duración de los trámites administrativos (gráfico 2.2). A pesar de los progresos que tuvieron lugar en la región en los tres indicadores incluidos, persisten brechas respecto a otras áreas geográficas, y en general con el promedio mundial. Esto se traduce en un aumento de los costos empresariales, que medidos como porcentaje del ingreso por habitante resultan casi ocho veces más altos en América Latina que en la OCDE (CEPAL/BID/OEA, 2011). El cierre de empresas se enfrenta a similares problemas administrativos. De acuerdo a datos de la OIT y el Banco Mundial, en América Latina se tarda una media de cuatro años en cerrar una empresa y liquidar sus activos, mientras que el porcentaje de recuperación de deuda por parte de los acreedores asciende a 17%. Por el contrario, el entorno de la OCDE se caracteriza por plazos de 1.7 años, en promedio, para cerrar una empresa y liquidar sus activos y el porcentaje de recuperación para los acreedores es de alrededor de 68% (Tueros et al., 2009; Banco Mundial, 2012). En suma, en América Latina existe una regulación que inhibe la creación y liquidación de empresas, y fomenta la informalidad entre las micro y pequeñas empresas (Capelleras et al., 2009). Hay diferencias importantes entre los países de América Latina en estos aspectos. Por ejemplo, Chile, Colombia y México presentan indicadores similares a los países más desarrollados en las tres dimensiones analizadas, mientras que otros se encuentran bastante más lejos (cuadro 2.4). 

Gráfico 2.2. Indicadores del costo para la creación de empresas (número de procedimientos, días, y porcentaje del ingreso per cápita)

Cuadro 2.4. Indicadores del costo para la creación de empresas en 2011

País

Número de procedimientos

Duración (días)

Costo (% del ingreso per cápita)

Argentina

14

26

11.9

Bolivia (Est. Plur. de)

15

50

90.4

Brasil

13

119

5.4

Chile

7

7

5.1

Colombia

9

14

8

Costa Rica

12

60

11.1

República Dominicana

7

19

18.2

Ecuador

13

56

28.8

El Salvador

8

17

45.1

Guatemala

12

37

52.5

Honduras

13

14

46.7

México

6

9

11.2

Nicaragua

8

39

107.9

Paraguay

7

35

47.2

Perú

5

26

11.9

Suriname

13

694

115

Uruguay

5

7

24.9

Venezuela (Rep. Bol. de)

17

141

26.1

Fuente: Banco Mundial  (2012).

Inserción de las empresas en la estructura productiva

Otro de los elementos claves que condiciona el desempeño de las pymes en América Latina es resultado de la estructura productiva que suele caracterizar a estas empresas en la región. Las pymes latinoamericanas más modernas no juegan el mismo papel en el sistema productivo nacional que sus similares de los países miembros de la OCDE (diagramas 2.1 y 2.2). En estos últimos, las pymes sólo pueden sobrevivir en el proceso de desarrollo industrial si producen bienes y servicios específicos que no compitan con los productos de fabricación masiva de las grandes empresas industriales. Típicamente, se trata de productos diseñados de acuerdo con los requisitos de los clientes, pequeñas series para nichos de mercado o productos estrechamente relacionados con el servicio al cliente (instalación, adaptación específica a sus necesidades, mantenimiento y otros). Estas pymes también producen servicios para grandes empresas o complementan la oferta de servicios de éstas. Las economías de escala desempeñan un papel secundario en estos rubros, de modo que las ventajas de la flexibilidad y proximidad al cliente que tienen las empresas más pequeñas, adquieren mayor relieve. La especialización de esta naturaleza impone mayores exigencias de calificación técnica y empresarial, siendo condición previa, en especial, la capacidad de innovar continuamente. La mayoría de las pymes en América Latina no cuenta con estas calificaciones. Casi todas estas empresas se insertan en áreas de producción estandarizadas y con baja intensidad de conocimientos, donde compiten directamente con la producción a gran escala y/o con grandes casas comerciales. Un ejemplo de lo anterior es la producción de bienes de consumo masivo (alimentos genéricos, calzado, confección), donde las pymes latinoamericanas no encuentran ventajas competitivas.

Diagrama 2.1. Típica organización industrial en países desarrollados

Diagrama 2.2. Típica organización industrial en países en desarrollo

Dicha estructura productiva condiciona también la creación de vínculos entre actores del proceso productivo. Siendo gran parte de las pymes de América Latina productoras de bienes de consumo tradicionales, para segmentos del mercado de precios bajos, y haciendo uso de procesos estandarizados con escasa capacidad innovadora, encuentran serias limitaciones para el establecimiento de vínculos con empresas de mayor tamaño. Estas últimas difícilmente eligen proveedores nacionales ante la dificultad de que cumplan con los requisitos de calidad o volumen de producción. El resultado es un círculo vicioso en el que la baja productividad inicial y la ausencia de transferencia de conocimiento entre empresas se refuerzan mutuamente (Altenburg, 2011). En suma, se trata de un panorama que difiere sustancialmente del que tienen los países desarrollados, donde las pymes actúan en mayor medida como proveedoras de las grandes empresas, o se especializan en nichos de mercados, siendo menos frecuente su participación en la producción de bienes masivos.