Panorama regional de las pymes

Un aspecto fundamental de las pymes latinoamericanas es su extrema heterogeneidad. Existen microempresas cuya gestación suele responder a necesidades individuales de autoempleo, y que a menudo están en una situación de informalidad (con niveles bajos de capital humano, dificultad para acceder a recursos financieros externos, internacionalización escasa y trabajos en actividades con reducidos requerimientos técnicos, entre otras características principales). En el extremo opuesto se encuentran pymes de alto crecimiento, conocidas como “gacelas”, que tienen un comportamiento bastante más dinámico -en materia de facturación y creación de puestos de trabajo- y cuyo desempeño responde al aprovechamiento de oportunidades de mercado a través de una gestión empresarial eficiente e innovadora. Por tanto, el concepto de tamaño de empresa oculta una realidad muy diversa sobre este tipo de unidades productivas.

Una de las características que definen a las pymes latinoamericanas es su extrema heterogeneidad, desde algunas que responden a necesidades de autoempleo y supervivencia, a otras capaces de aprovechar oportunidades de mercado con una gestión eficiente e innovadora.

Esta heterogeneidad condiciona el diseño de las políticas dirigidas hacia estas empresas. La diversidad empresarial englobada bajo el concepto de pymes desaconseja el diseño de una “receta común” para este tipo de agentes. Además de tener un potencial diferente de crecimiento de la productividad y el empleo, las pymes de diversos tipos comúnmente enfrentan restricciones distintas. Mientras que en algunos casos estas barreras corresponden mayoritariamente a limitaciones internas de las empresas (baja capacidad del propio empresario, por ejemplo), en otros casos derivan de un entorno externo desfavorable, a nivel del sector de actividad, de la cadena productiva, del cluster o incluso macroeconómico. 

En los países de la región se utilizan al menos dos definiciones distintas de pequeña y mediana empresa (pyme). Una se basa en el número de ocupados por empresa y otra emplea el monto de ventas como factor para determinar el tamaño económico de las unidades productivas. El primer criterio ignora las diferencias sectoriales (y entre ramas de cada sector), generalmente muy importantes, y puede conducir a sobrestimar la participación de las pymes2. Sin embargo, este criterio es usado por los institutos nacionales de estadísticas, que a menudo proveen la información disponible en los países, mientras que las instituciones que diseñan y aplican las políticas adoptan la definición que emplea la variable del volumen de ventas para establecer el tamaño de las empresas.

Las empresas pequeñas tienen en América Latina entre 16% y 36% de la productividad de las empresas grandes, en contraste con las empresas pequeñas europeas, que alcanzan de 63% a 75% de la productividad de las empresas grandes.

Gráfico 2.1. Productividad relativa en países seleccionados de América Latina y la OCDE (en porcentajes, productividad de empresas grandes = 100%)

Statlink: http://dx.doi.org/10.1787/888932718991

Cuadro 2.1. Brechas salariales respeto de las empresas grandes, 2006

Argentina Brasil Chile México Alemania España Francia Italia
Micro 36 43 - 21 69 63 - -
Pequeñas 44 42 52 56 73 74 88 69
Medianas 57 64 69 55 81 89 91 79
Grandes 100 100 100 100 100 100 100 100

Fuente: Para Argentina, Brasil, Chile y México elaboración con base en información oficial de los países; para Alemania, España, Francia e Italia Eurostat (2006). 

Las diferencias en productividad entre empresas están estrechamente relacionadas con la estructura productiva y la distribución sectorial del empleo. En 2008, más del 70% de los trabajadores de la región se desempeñaba en sectores de baja productividad relativa como agricultura, construcción, comercio y servicios comunales y personales; 20% lo hacía en sectores de nivel medio de productividad como la industria manufacturera y el transporte, y 8% en sectores de alta productividad como minería, finanzas y energía (CEPAL, 2010). 

En la distribución de empresas por tamaño en América Latina, al igual que en la OCDE, las pymes representan aproximadamente 99% del total de empresas. Esta distribución subraya la importancia de las pymes dentro del contexto productivo y su potencial como agente de cambio estructural. Siendo tan numerosas en el tejido productivo, toda política industrial y de cambio estructural debe tomar en cuenta la variedad de las características, particularidades y dinámicas de estas empresas (cuadro 2.2).

En 2008, de cada cien trabajadores latinoamericanos, ocho trabajan en sectores de alta productividad (minería, energía, finanzas), 20 en sectores de productividad media (industria manufacturera y transportes) y más de 70 en rubros de baja productividad relativa (agricultura, construcción, comercio y servicios).

Cuadro 2.2. Proporción de empresas según tamaño en países seleccionados de América Latina y de la OCDE

Micro Pequeñas Medianas Grandes
Argentina 81.6 16.1 1.9 0.4
Brasil 85.4 12.1 1.4 1
Chile 90.4 7.8 1.2 0.6
Colombia 93.2 5.5 1 0.3
Ecuador 95.4 3.8 0.6 0.2
México 95.5 3.6 0.8 0.2
Perú 98.1 1.54 0.34 0.02
Uruguay 83.8 13.4 3.1 0.6
Alemania 83 14.1 2.4 0.5
España 92.6 6.5 0.8 0.1
Francia 93 5.9 0.9 0.2
Italia 94.4 5 0.5 0.1

Fuente: Para los países de América Latina y México, elaboración con base en información oficial de los países; para Alemania, España, Francia e Italia, OECD (2011).

El empleo de las microempresas se concentra en el sector comercio y en algunos servicios de bajo valor agregado; en el caso de las pequeñas empresas, el comercio minorista, la industria manufacturera (en menor medida) y, en algunos países, la construcción reúnen la mayoría del empleo. En cambio, en las empresas medianas la industria constituye en varios países el sector con el mayor porcentaje de ocupados, aunque el comercio mantiene un peso relativo relevante. En las grandes empresas, la manufactura y algunos servicios de mayor valor agregado (telecomunicaciones e intermediación financiera) reúnen la mayoría del empleo.

Esta distribución del empleo presenta cierta variabilidad de acuerdo a las características de la estructura productiva de cada país de la región. Por ejemplo, en aquellos de menor desarrollo industrial, el comercio puede ser importante en términos de empleo, tal cual lo es para las grandes empresas, llegando a igualar o superar la importancia de la industria. Para ese mismo segmento de empresas, los servicios de telecomunicaciones e intermediación financiera pueden tener una incidencia mayor en las economías de menor tamaño y una mayor especialización en esos sectores.

Igualmente, en todos los casos, la inserción en la economía de las empresas de menor tamaño (en especial, las microempresas y las pequeñas empresas) ocurre en las ramas de menor productividad. Estas tienen bajas barreras de entrada y la necesidad y los incentivos para operar en conexión con otras empresas (generando redes o clusters) son escasos. En consecuencia, también son reducidas sus posibilidades de generar externalidades que permitan incrementar la especialización empresarial (y de la fuerza laboral), así como la propensión a la innovación y a la productividad.

Otro aspecto relacionado con el entorno productivo de las pymes en América Latina es su bajo nivel de internacionalización (cuadro 2.3). Una restricción ingente para que estas empresas accedan a los mercados externos es la propia estructura de las exportaciones de la región. En gran medida, esta se focaliza hacia los recursos naturales y sus derivados, un ámbito dominado por grandes empresas, debido a sus altos requerimientos de inversión, dejando poco espacio para la participación de las pequeñas y medianas. Además, tal composición de las exportaciones regionales contribuye a alimentar la heterogeneidad de la estructura productiva de América Latina, al no favorecer a que las pymes accedan a procesos más innovadores gracias al estímulo exportador. Por otro lado, la baja internacionalización de este segmento de empresas deja a un gran número de pymes dedicadas exclusivamente a abastecer el mercado nacional. Así, estas empresas desarrollan una dependencia elevada de las condiciones macroeconómicas de la economía nacional (Peres y Stumpo, 2002). No sorprende, por tanto, que durante ciclos de alta volatilidad económica, la tasa de mortalidad de las empresas esté inversamente relacionada con el tamaño de las firmas; y al mismo tiempo, que la tasa de entrada de nuevas empresas se contraiga más en el caso de las empresas formales más pequeñas (Yoguel et al., 2004; Crespi, 2003).

Cuadro 2.3. Participación de las empresas según tamaño en las exportaciones

Argentina Brasil Chile España Italia Alemania Francia
Micro 0.3 0.1 - 11.1 9 8 17
Pequeñas 1.6 0.9 0.4 13.3 19 12 10
Medianas 6.5 9.5 1.5 22.6 28 18 15
Grandes 91.6 82.9 97.9 47.1 44 62 58

Nota: En el caso de Brasil, no se incluyen las microempresas y pequeñas especiales, que representan 6.6% de las exportaciones totales; en el de Chile, el dato de las pequeñas empresas incluye a las microempresas; en el de España, falta un 5.9% de empresas de tamaño desconocido; en el de Alemania se trata exclusivamente de exportaciones intraeuropeas.

Fuente: Para Argentina Rotondo, et al. (2009); para Brasil SEBRAE (2011); Chile, datos de OIT/SERCOTEC (2010); para España OECD (2012); para Alemania, Francia e Italia, Eurostat (2008).

Según una comparación entre las tasas de creación y sobrevivencia de empresas en Argentina, Brasil, Colombia y México con países de Europa, las dinámicas empresariales presentan profundas diferencias (Bartelsman et al., 2004). México tiene tasas de creación de empresas más altas que Argentina, Brasil y la mayoría de los países europeos. Sin embargo, la tasa de sobrevivencia de estas empresas en México se encuentra por debajo de los otros países de la región, lo que indica un ambiente empresarial con facilidad de entrada, pero mayor dificultad de sobrevivencia a mediano plazo. Aunque no se cuenta con una perspectiva detallada de estas dinámicas para todos los países latinoamericanos, es importante recalcar que la heterogeneidad dentro de la región señala la importancia del entorno productivo para el desempeño de las pymes.

Durante los ciclos de alta volatilidad de las economías, la tasa de mortalidad de las empresas está inversamente relacionada con el tamaño de las firmas, mientras que la tasa de creación de nuevas empresas se contrae más en el caso de las empresas formales de menor tamaño.